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¿Quién ayuda a nuestros niños y jóvenes, a asumirse como ciudadanos?

Prof.Stella Mary Robatto -FGEB
 
“La educación para la ciudadanía debe tener,
además de una mirada crítica sobre la realidad y las
relaciones sociales, un carácter propositivo que
aporte a una conciencia crítica que conduzca a la
organización, la participación y la acción.”
Diseño curricular de Nivel Medio, Pcia de Rio Negro
 

¿Es responsabilidad de la familia?
Los padres, ¿superaron su lugar de habitantes de su ciudad, su provincia, su país, para convertirse en ciudadanos?
¿Es común vivir hoy, experiencias de compromiso participativo? ¿Se hablan estos temas? ¿Se construyen modelos de solidaridad donde se prioriza el bien común màs allá del beneficio individual?
La tarea formativa de la familia se completa con la inclusión de estos valores desde la vivencia cotidiana, no con el discurso, sólo con el ejemplo.

¿Es responsabilidad del colectivo social?
¿Ejercemos los adultos un accionar comprometido que se nutre en valores y responsabilidades cívicas superadoras del acto eleccionario?
Es evidente que nos queda mucho por transitar, para crear una cultura de la participación.
Los argumentos de una “historia con poco ejercicio al respecto” ya no son válidos, si queremos alimentar y fortalecer la democracia. Esto se logra, si crecemos y ayudamos a crecer a las nuevas generaciones, en el marco de los valores cívicos que conducen al bien común.

¿Qué papel juega la escuela?
La tarea formativa de la escuela se completa con su proyección fuera del marco escolar.
Para lograrlo es preciso recrear un currículo escolar, que prepare para participar, de un modo informado y conscientemente, en acciones o proyectos sociales de utilidad colectiva.
Saldrá así, de su ámbito escolarizado, para participar en su entorno y no sólo para visitarlo.
Este enfoque la convierte en una institución de animación cultural y de intervención ciudadana, superando el viejo rol asignado de “institución transmisora de saberes y exclusiva responsable de preparar para el futuro”.
La escuela no es sólo preparación para la vida, es una institución viva que debe ayudar a sus alumnos a participar en la vida de su ciudad. Al conseguirlo, logra que los niños y jóvenes
“miren” la ciudad para conocerla, pero fundamentalmente, para “verla” y “entender” sus propias condiciones de vida y las de sus conciudadanos.
Esto supone “abrir” la ciudad para que niños y jóvenes la “usen”, la “vivan” pero también que la descubran como “lugar de encuentro y de diálogo”
Es preciso que la escuela ayude a “transformar la ciudad en el resultado de acuerdos colectivos y que se abran caminos a la participación en proyectos de intervención ciudadana”. Esto exige aprender a confiar en las iniciativas transformadoras de los ciudadanos más jóvenes.
Para que la escuela logre una participación cívica responsable e informada, es preciso que capacite a sus alumnos y docentes en el dominio de ciertas “competencias ciudadanas” necesarias para llevar a cabo provechosamente ese tipo de proyectos.

Esas competencias son:

•  La capacidad para la crítica y para formular proyectos alternativos,

•  La capacidad para diseñar programas de acción cívica posibles,

•  La flexibilidad y criterio para resolver los conflictos que habitualmente surgen durante la acción,

•  La capacidad de comunicación y de convicción sobre la importancia del proyecto en que se cree.

Si lográsemos coordinar la acción de la escuela, en esa faceta formativa, con la colaboración de las autoridades y entidades intermedias, se podría avanzar hacia una participación real de los niños y jóvenes en proyectos cívicos con trascendencia ciudadana y personal.
Toda ciudad moderna constituye un marco primario de vida social y de interrelación; y, por tanto, de solidaridad. Frente al individualismo, debe ser marco de solidaridad. Frente al aislamiento, debe ser marco de comunicación. Frente a los prejuicios, debe ser marco educativo (de la información y de la formación ciudadana).
Toda ciudad cuenta con las mejores condiciones materiales para forjar una oferta general de difusión de aprendizajes y de conocimientos útiles para vivir en sociedad; pero también sabemos, que puede ser capaz de crear las desigualdades màs perversas en la distribución de esos saberes.
Puede poseer múltiples posibilidades y ofertas diversificadas para ser elegidas, pero también puede impulsar su desaprovechamiento o la distribución desigual de la libertad para hacerlo. Todo depende de la intención que le pongamos.
No obstante, la multiplicidad de los intercambios que se producen en el medio urbano, lo convierten en un lugar privilegiado por su pluralidad de ofertas de aprendizajes y de comunicaciones, que facilitan más posibilidades de desarrollo humano y exigen el esfuerzo de crear una mayor igualdad en las condiciones de ejercicio de la libertad.
La ciudad es escuela de ciudadanía en sí misma, porque es un microcosmos del mundo, una versión a escala humana, del sistema democrático.
El sistema municipal, por su proximidad a los ciudadanos, debería ser el más abierto y el más transparente. Sus decisiones y su administración deberían ser las más palpables y por tanto, las que generen más fácilmente opinión pública.
Podemos decir entonces que “la ciudad puede ser un marco y un agente educador que, ante la tendencia a la concentración del poder, practique la opinión pública y la libertad; ante la tendencia al gregarismo, exprese el pluralismo; ante la tendencia a distribuir desigualmente las posibilidades, defienda la ciudadanía; ante la tendencia al individualismo, se esfuerce por practicar la individualidad solidaria”.
Podemos decir también, que si queremos, si lo permitimos, si nos comprometemos “la ciudad podrá tejer una red de hábitos ciudadanos, que fortalecerá el sentido de reciprocidad, y generará el sentimiento de que existen intereses que no han de ser lesionados”.
Solo a partir de ese momento, nos uniremos con los lazos comunes de una la vida compartida y estaremos en condiciones de formar personas sensibles tanto a sus deberes como a sus derechos.

En estos días, estamos viviendo en Bariloche, acontecimientos sociales de fuerte repercusión en el medio escolar.
Jóvenes preocupados por otros jóvenes y por ellos mismos, se encuentran reflexionando sobre inseguridad, prevención, violencia, falta de contención, falta de alternativas para el tiempo libre.
Mientras esto pasa, la ciudad ¿hacia dónde mira?; los ciudadanos adultos ¿qué escuchamos?, ¿qué decimos? Y las autoridades… las empresas…los medios…

¿Queremos generar un Bariloche que eduque? ¿Un Bariloche formador de ciudadanos?

¿Sabremos aprovechar la coyuntura para generar el diálogo y la acción correspondiente?

Tenemos la oportunidad histórica de escuchar a estos jóvenes, dialogar con ellos, “hacer con ellos” y “desde ellos” que es muy distinto a hacer “ para ellos ”.

“La ciudad no debe ser mera comunicación informativa. La ciudad, debe ser diálogo.
La necesidad comunicativa se hace imperativo moral, cuando persigue la justicia y la libertad.
La comunicación informativa es condición de la mera supervivencia de toda ciudad; el diálogo en cambio, es la cualidad de la ciudad bien ordenada, de la ciudad democrática, de la ciudad que ha sabido superar la mera coexistencia, en favor de la convivencia de las culturas diversas, y de todos los individuos o grupos, en tanto que son portadores de diversidad. El diálogo es el horizonte moral de la ciudad.”*

*Puig Rovira, Josep M : La ciudad y el desarrollo moral y cívico

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