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La Incidencia de la ciencia en la humanidad

por Oscar Bressan - FGEB

2008 Año de la Ciencia

La discusión sobre si la ciencia o la tecnología son buenas o malas carece de sentido. Son las intenciones o intereses (humanos) con que se crean o se usan esos conocimientos los que pueden evaluarse en el plano ético.

Para pensar:

LA INCIDENCIA DE LA CIENCIA EN LA HUMANIDAD

Es un ejercicio válido y necesario reflexionar sobre la incidencia de la ciencia y la tecnología en la vida de la humanidad. Sin bien un balance total sería muy largo, complicado y arduo, se puede hacer una visualización parcial confrontando la realidad actual con la que vivieron nuestros antepasados hace un siglo o poco más.

Quizás el elemento más descollante sea el impresionante cambio de la calidad de vida. En el 1800 la mayoría de la población era campesina, trabajando todo el día de lunes a lunes. Las economías familiares en gran parte eran autosostenidas, con árboles frutales y verduras de la quinta propia, ordeñando vacas o cabras, consumiendo animales de corral o carneando cerdos, vacas, ovejas y cabras. El hombre se encargaba prioritariamente de cuidar el campo, la quinta y los animales, y era el encargado de matarlos. La ropa en gran parte era de fabricación artesanal hecha por los miembros de la familia. No había domingos, ya que los animales requerían cuidado todos los días, y las mujeres tenían jornada completa cuidando y/o amantando a los niños, cortando leña, haciendo el pan casero, la comida y los dulces y las conservas para el invierno, limpiando y cuidando toda la casa, lavando, planchando, cosiendo y reparando la ropa, fabricando velas, etc. Debido a la dificultad de conservar la leche sin que se cortara, el amamantamiento de los bebes se prolongaba años o bien se tenía una vaca atada cerca de la casa para ordeñarla a la mañana temprano. Todavía seguimos usando la expresión "tener la vaca atada". No existían vacaciones.

La vida de los que accedían a la incipiente industrialización también era dura y difícil, con jornadas interminables y sin vacaciones. Nadie contaba con servicios sociales ni jubilación, y eran los hijos, cuando podían, los que tenían que hacerse cargo de los abuelos. Hubo épocas de grandes hambrunas y ni que hablar de la situación de los sectores más postergados o de los que sufrían males crónicos. Los niños muchas veces eran destinados al trabajo infantil y era natural que se los castigara, mucha veces con cruel dureza.

El transporte era penoso. Las largas distancias entre el campo y el pueblo más cercano se salvaban a caballo, en sulky, en carreta o en algún otro tipo de vehículo de tracción a sangre. Como ejemplo de los inconvenientes de este transporte, es que en nuestra Constitución Nacional se preveía que las sesiones del Congreso Nacional durarán sólo desde el 1º de mayo al 31 de octubre, para que los legisladores hicieran el viaje desde las provincias a la Capital Federal la menor cantidad de veces posible. Un viaje a Europa tardaba tres semanas en el vapor (que así le llamaban al buque de vapor).
Las comunicaciones sólo eran por carta, y el telégrafo solo se usaba en caso de urgencia. Las noticias podían conocerse a través del diario, para los que tenían la suerte de haber ido a la escuela, haber aprendido a leer y poder permitirse comprarlo, si es que llegaba el diario al lugar donde se vivía.

La medicina, con muchas falencias, llegaba a las grandes ciudades y muy a cuenta gotas a los pueblos del país. A fines de 1900 los porteños eran los que gozaban de una de las mejores coberturas de salud, y sin embargo la esperanza de vida era de solo 45 años. La mortalidad infantil era de 240 niños muertos en el primer año de vida por cada 1000 nacidos vivos, lo que es prácticamente igual a la mortalidad infantil de las poblaciones que carecen totalmente de medicina. Las grandes epidemias, como lo fue la fiebre amarilla, tenían consecuencias catastróficas.

La educación primaria era para unos pocos, y el que llegaba a completar la secundaria tenía el título de "bachiller". Hoy nos resulta raro ver viejos libros donde se refiere al autor como Bachiller Fulano de Tal. La enseñanza universitaria era altamente elitista y le estaba explícitamente vedada a la mujer.

La llegada de la electricidad a principios del 1900 cambió drásticamente el panorama. Por un lado las lamparitas para una iluminación sencilla y limpia trasnformaron la vida. Unos años más tarde irrumpe la cocina a kerosén y más tarde a gas, la plancha eléctrica, el lavarropas, la heladera, la licuadora, la aspiradora, más tarde el microondas y ni que decir de las comidas preparadas. Hacer una mayonesa, los ñoquis, los ravioles, el pan o una pizza eran actividades que llevaban su buen tiempo. Hoy es un viaje al almacén o al supermercado. La mujer tuvo más tiempo y fue perdiendo su dedicación exclusiva a los quehaceres domésticos para integrarse a la vida económica de la sociedad, llegando a ser hoy parte fundamental de la misma.
La producción de alimentos creció fuertemente de modo que los vaticinios de Thomas Malthus son sólo una anécdota del pasado. Lo que es llamativo es que al día de hoy hay 10 obesos por cada 8 desnutridos, lo que permite inferir que no faltan alimentos, y con una buena distribución de la riqueza debería haber menos gordos y ningún desnutrido. Pero este problema más que técnico es político.

El transporte se transformó vertiginosamente con el tren primero, más tarde los autos, los colectivos y luego los aviones. Y la palabra vertiginoso aquí es más que apropiada.

Con las comunicaciones ocurrió lo mismo. Por un lado la democratización del teléfono que fue llegando a todos los sectores. La radio, la televisión e Internet nos permiten ser testigos prácticamente presenciales de los grandes acontecimientos mundiales, tanto sea el sepelio de un papa como un mundial de fútbol.

En el nivel de la salud se lograron metas que ni los más empedernidos optimistas llegaron a soñar un siglo atrás. La mortalidad infantil bajó a menos de 20 niños muertos en el primer año de vida por cada 1000 nacidos vivos (10 veces menos pérdidas de vidas, o sea que se ¡mejoró en un factor mil por cien!), la esperanza de vida aumentó en más de 30 años, la actividad desarrollada por una persona de la tercera edad es increíblemente más rica y diversificada que lo que fue para nuestros abuelos.
La educación primaria y secundaria se consideran hoy, tan imprescindibles que son obligatorias para todos. Si bien, y lamentablemente, todavía hay niños que trabajan, la inmensa mayoría estudia. El acceso a la universidad está abierto para todos, con universidades públicas gratuitas para los estudios de grado y ya hay muchas disciplinas, otrora reservadas al hombre, donde hay más mujeres que hombres, por ejemplo en medicina. La oferta es hoy de más de mil carreras universitarias diferentes.
Es absolutamente superfluo señalar la influencia de la ciencia (entendida como el conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales; <Dic. Real Academia Española>) y su consecuencia natural, la tecnología (entendida como el conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico <Dic.Real Academia Española>) como motor de las transformaciones que ocurrieron en el siglo XX y siguen ocurriendo en el siglo XXI.

Pero además de estos logros, la ciencia también aportó conocimiento en temas muy caros a la historia del hombre. Los desarrollos en biología (en particular los trabajos de James Watson y Francis Crick sobre el ADN) permitieron tener una idea bastante acabada de la gran pregunta ¿qué es la vida? Preguntas tales como ¿Qué es la materia? ¿Qué es la energía? ¿Qué es el universo?, reciben aportes esclarecedores a diario de científicos de todo el mundo.

La historia de la ciencia tampoco fue fácil. Concepciones dogmáticas y prejuicios seculares muchas veces atentaron contra su desarrollo, y no es necesario remontarse tan lejos como Galileo para observarlos. Muchos científicos sufrieron persecusiones porque sus resultados o sus orígenes étnicos o religiosos no conformaban a los que en ese momento detentaban el poder. Tal fue el caso de la psicología en los tiempos de Stalin, o de Einstein en los tiempos de Hitler (en este caso descalificaron sus trabajos e inclusive inventaron que no habían sido hechos por él, involucrando a su primera esposa).

Es cierto que no todos los desarrollos científicos y las aplicaciones tecnológicas han sido positivos. Lo mismo puede decirse en el campo del arte, de diversas crencias religiosas, de ciertas líneas pedagógicas, de la actividad política, de corrientes filosóficas y de muchos trabajos de las ciencias sociales. Esto se puede generalizar a cualquier actividad. Sería tristemente lamentable descalificar todas las actividades humanas porque todas son falibles. Pero debemos rescatar contribuciones positivas, y en algunos casos excelsas, que fueron mejorando la calidad de vida de la humanidad.
Y, sin lugar a dudas, un papel muy importante en esto lo tiene LA ESCUELA.

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