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¿Escuela en crisis? ¿Educación en crisis?
Revisemos distintas miradas

por LIC. Beatriz María Tobin - FGEB

El objetivo del presente documento es poner a consideración opiniones de autores relevantes sobre el tema y al mismo tiempo abrir un espacio de discusión y aportes con los lectores interesados quienes pueden hacer llegar sus opiniones a nuestra redacción clikleando en Contacto.

La palabra crisis como momento decisivo de cambio, donde ciertos paradigmas se van colapsando, ha estado desde hace varios años, y aún está presente, en la realidad argentina hoy. Con esa palabra, en este documento, se hace referencia a un acontecer particular en torno a la política, salud, educación y que alcanza de una u otra forma a diversos sectores de la sociedad.
En los últimos 25 años en la Argentina se han producido cambios estructurales que fueron acompañados de indicadores de crisis en numerosos órdenes de la vida. La escuela, como institución representativa de la esfera cultural de la sociedad, no ha estado ajena a los procesos sociales, económicos y políticos de comienzos de este siglo XXI y participa de esta situación de crisis.
Numerosos autores han analizado lo que ha acontecido con la educación en general y la escuela en especial y han sistematizado aportes para caracterizar la situación actual de la educación. Algunas de estas propuestas se sitúan en la descripción de la crisis dando causas de la misma, mientras que otros –además de esto- proponen soluciones de distinta naturaleza: políticas, sociales, económicas, pero sobre todo institucionales y pedagógicas, que resultan muy interesantes.

En la obra Enseñar Hoy: una introducción a la Educación en tiempos de crisis, (2005) compilado por Inés Dussel y Silvia Finocchio, varios autores procuran dar respuesta a este interrogante: ¿Cuál es el papel de la escuela en esta crisis? Y caracterizan el momento actual con algunos indicadores como el desempleo, la desnutrición, la violencia, la deserción escolar, el desprestigio de la política, etc. Esta obra, según lo señalan las compiladoras, surgió con la “intención de abonar la construcción de un pensamiento abierto, productivo, autocrítico y creativo en el campo de la educación, y con el propósito de fortificar las luchas cotidianas que se dirimen en las escuelas por la democracia y la justicia”.

El libro se inicia con un artículo de Inés Dussel “La escuela y la crisis de las ilusiones” donde la autora propone volver a creer en la política reconociendo que tanto la educación como la política son actividades riesgosas y difíciles, para las cuales no hay receta, que comparten la búsqueda de establecer y sostener un espacio donde puede aparecer la libertad, la pluralidad, la diferencia, para aprender con otros conocimientos, actitudes y disposiciones. Define que politizar la educación es reclamar el lugar de iguales, de pares en la sociedad más justa que queremos. Incluye una cita de Hannah Arendt (1996): “…politizar la educación es darles a los alumnos las herramientas intelectuales, afectivas y políticas para que puedan renovar el mundo, es hacer lugar a los padecimientos que atraviesan , ayudar a procesarlos intelectual y afectivamente, y también establecer puentes con otras instituciones. Es no renunciar a enseñar, es enseñar mejor…”

En el prólogo de esta obra la Lic. Guillermina Tiramonti señala que “…en los últimos veinte años, la Argentina ha experimentado cambios estructurales que organizan y justifican la percepción de crisis y mutación de la identidad social”. Indica que a este panorama crítico se suma lo propio del sistema educativo y de las escuelas que lo conforman y que “un indicador de la crisis es el riesgo de la des-institucionalización ya que por una parte la escuela pareciera estar perdiendo su condición de dispositivo de regulación de las conductas y construcción de una relación con la autoridad y por la otra parte, esta pérdida se inscribe en la crisis que enfrentan otras Instituciones como el estado, la familia y la escuela”. En el caso del estado, señala su dificultad de constituirse en articulador y garante de la estructura normativa del sistema social, la familia es una institución en transformación y, en el caso de la escuela, encontramos una serie de “problemáticas que conforman una cuestión de identidad institucional, en este proceso confluyen tanto la multiplicación y la heterogeneización de las demandas que debe atender la escuela como sus dificultades para marcar un terreno que le es propio y establecer una frontera que la diferencie de un afuera que la interpela y le exige que haga todo…”.

En el artículo, del mencionado libro, “Infancias, imágenes de la sociedad” (2005), Graciela González describe la crisis social señalando que “el lazo social está dañado no encontrando un sentido a sus acciones cuando grandes sectores sufren una pobreza inimaginable y los poderosos son cada vez más ricos e impunes. En contextos de creciente inseguridad e incertidumbre las familias y la comunidad se ven también afectadas”. La autora indica que es necesario revisar el sentido y la misión de la escuela, reconociendo por tal misión, y según la definición que formulara Carlos Cullen: “la tarea de construir una inteligencia solidaria atenta a las necesidades de los otros y al cuidado de la vida”.
También propone alternativas para contener a los maestros frente a las diversas problemáticas que muchas veces los incluyen: que operen en equipos, construyendo redes, cuidando los espacios grupales y formulando proyectos comunes.
Señala la autora:
…consideramos valioso incrementar la reflexión grupal y propiciar acciones acerca del cumplimiento de los acuerdos, aprovechando el marco que nos brindan las Ciencias Sociales. Confiamos –ante la evidencia de la crisis de instituciones sociales como la familia y el Estado, ante la crisis de valores, la retirada de las ideologías y de las utopías- en que enseñar contenidos con intencionalidad ética y ciudadana es nuestra mejor herramienta.
Reconoce que la escuela es un lugar privilegiado para el ejercicio de la convivencia democrática desde una ciudadanía activa y responsable, siendo el mejor espacio para construir el sentido de la solidaridad. Concluye reiterando que la “escuela está viva y es un buen lugar para la resistencia y la construcción”.
Silvia Finocchio, bajo el título “Apariencia escolar”, del libro mencionado, señala que
…la institución escolar se ha visto inmersa en un proceso que implicó la pérdida de horizontes en su tarea formativa, el desgaste de su eficacia simbólica, la salida del sistema estatal de las elites y los sectores medios, la lenta desaparición de su sentido como bien público, el desencuentro con la cultura y la declinación de las condiciones en que se desarrolla el trabajo docente. Pero también es cierto que la escuela no fue arrastrada por el simulacro del mismo modo que otros sectores del quehacer productivo u otras instituciones sociales. Cabe pensar que la convertibilidad educativa no fue tan férrea y los efectos de la devaluación fueron más ordenados y más lentos.
Más adelante, al preguntarse por qué la escuela no perdió su apariencia a pesar de la profunda crisis, presenta un argumento relacionado con la gramática de la escuela y la historia de la educación en Argentina. Define la gramática de la escuela “como el conjunto de tradiciones y regularidades institucionales sedimentadas durante años y trasmitidas de generación en generación por maestros y profesores. Consiste en los modos de hacer y de pensar aprendidos por medio de la experiencia docente”. También indica que la gramática de la escuela
…contribuyó a que la educación no perdiera del todo su aspecto y una de las lecciones de la gramática y de la historia de la escuela, con su insistencia en enseñar es que no cabe la inercia o sentarse a esperar las grandes decisiones. Tampoco cabe esperar el consenso absoluto o aceptar el daño absoluto en nombre de los desacuerdos. Sí cabe pensar qué palabras o qué silencios irrumpen en la escena y son educativos, en tanto refieren a un principio como el de la igualdad.

El autor Pablo Pineau, en el artículo denominado “O escuelas o crisis, Crónicas marcianas del imaginario docente actual”, sostiene que la escuela debe buscar y obtener soluciones para modificar la espantosa e inédita crisis social actual. Habla luego de la ampliación de las funciones de la escuela mencionando: “comedor, ropero, lugar de trabajo para los sujetos al borde de la desafiliación social –madres cuidadoras, planes de jefes de familia- centro de salud y punto de combate contra la violencia familiar, la delincuencia o la drogodependencia”. “La escuela mantiene un deber ser referido a algo (se) tiene que hacer para dominar y modificar esta situación. Debe dar respuestas en su condición de ´institución del saber´. La escuela cree poder atender todas las nuevas situaciones que se le presentan y cree que puede tratarlo todo”. Posteriormente señala el autor que la sensación de muchos es que ya no se puede, no puede enseñar y atender todo, por ello es necesario “revisar las lógicas de pensamiento en las que se asiente ese deseo es empezar a hacer algo”. Señala la necesidad de pensar en otras opciones distintas y propone las siguientes: en primer lugar “la escuela tiene que poder derivar lo que la excede”, no dejar a la deriva sino orientar a las personas a realizar las demandas en otros espacios, “ser la puerta de entrada a la búsqueda de soluciones, pero no el lugar donde ciertas problemáticas se asientan”. En segundo lugar, “la escuela debe aceptar que hay cosas que quiere hacer y no sabe cómo y en ese caso debe poder pedir ayuda, aceptar el lugar de ser quien aprende y no quien enseña”. Para ello indica que la escuela puede acercarse a otras instituciones en una “relación pedagógica de aprendiz o de equivalencia –pero no de superioridad- para hallar respuestas para convivir con la crisis”. En tercer lugar “la escuela debe fortalecerse como espacio específico de transmisión de cultura”, reconociendo que no es una idea nueva, pero que toma una resignificación en la actual coyuntura.

El maestro uruguayo Alfredo Gadino en el artículo “De la escuela que explica a la escuela que construye” (1999) de la revista Novedades Educativas señala que:
…hay un desencuentro entre lo que la sociedad le ha pedido a la escuela latinoamericana y lo que la escuela estuvo, está dispuesta y puede dar. Este desencuentro a veces ocurre porque la sociedad pide más de lo que la escuela puede hacer, otras veces, porque la sociedad está pidiendo menos de lo que podría dar la escuela. La escuela y los maestros prácticamente han desaparecido como interlocutores dentro de los medios sociales. Frente a una sociedad y a una escuela que prácticamente no se comunican, cuando la escuela hace reclamos sociales, culturales o económicos la sociedad no le responde y la escuela muchas veces no está en condiciones de responder a los reclamos sociales y vuelve a encerrarse en sus paredes sin trascender socialmente”.
Señala también que se ha divulgado una línea evolutiva de la escuela de este siglo que pasa por tres grandes momentos: La escuela tradicional que se ubica en las primeras décadas del siglo, el modelo priorizaba la memorización del alumno y la retención de datos; la escuela nueva que surge promediando la mitad del siglo: allí el interés está centrado en el alumno y lo que busca el docente es una buena circulación de saberes sin perder de vista los intereses y motivaciones de los alumnos. Por último, señala la escuela constructivista como el tercer modelo; en ella los ejes de la circulación de saberes han cambiado y el docente vuelve a tener una gran importancia, ya que es el articulador de esa circulación. El autor sostiene que en nuestro país hubo una escuela memorística pero no hubo una escuela nueva salvo algunas experiencias puntuales como la de las Hermanas Cosettini o el maestro Iglesias en las escuelas rurales. En Argentina y otros países latinoamericanos, hubo una escuela distinta de la tradicional: era la escuela que explica, sus intereses eran los temas del programa, pero no era un programa de escuela nueva basado en los intereses del niño y en actividades, sino que se basaba en contenidos curriculares que se trataba de explicar de la mejor manera. Esta escuela, que aún tenemos hoy, cumplió un cometido social, pero actualmente no responde a las demandas sociales y fue generando un encierro metodológico y perdiendo de vista los entornos. El autor la define como “una escuela explicativa con resabios memorísticos, que plantea la transmisión del saber que tiene el maestro”.
Luego formula una serie de propuestas para cambiar la escuela y generalizar la escuela constructivista como alternativa para superar la crisis. Parte de reconocer que cada niño y cada padre tiene una historia cultural importantísima, que la institución tiene una historia y que hay saberes que están reclamando entrar la escuela “ya no se trata de una circulación de arriba hacia abajo, sino de saberes que interactúan”. Destaca también que una escuela renovada es aquella
…que se propone que el niño se interpele e interpele a los demás, en una institución que se interpele e interpele a los demás, en la que el maestro asuma cognitiva y afectivamente el problema de cambiar la escuela. La escuela tiene que salir y hablar de las cosas que le pasan en la comunidad, en el barrio, en la sociedad. Si la escuela se enquista, se encierra, nadie le preguntará más nada, el encierro se hizo tal que fue indiferente para el afuera. La escuela tiene que cambiar porque como institución cumple un rol fundamental, debe tratar de actuar para que algo sea mejor.

Luis María Pescetti, un escritor argentino radicado en Méjico, en una entrevista para Novedades Educativas (1999) sostiene que actualmente en las escuelas se están enseñando cosas que son importantes para la escuela misma y para nadie más; es como un rito, donde la enseñanza no cumple un papel ni formativo ni informativo. Agrega: “la escuela ofrece contenidos que no necesariamente son operativos para manejarse en la vida ni desarrollan el pensamiento, es un sistema muy complejo y la resistencia no está depositada en uno de sus componentes sino que está diluida en varios. Sigue siendo también muy dogmática y autoritaria y ello impide que se desarrolle el pensamiento, que se genere conocimiento y que su sistema de promociones internas tienda a la autocorrección”. Señala finalmente que “la escuela debe aprender comunicación ya que además de saber contenidos hay que aprender a comunicarlos eficazmente y esa es una carencia en la formación de los maestros”.

El pedagogo Francesco Tonucci, en el artículo “La Escuela Abierta” (1999) de la revista Novedades Educativas advierte que la escuela está cerrada al mundo de afuera, señalando que “hay diferentes formas de cerrarse, algunas más simbólicas, otras más físicas”. Explica posteriormente las maneras de cerrarse: una forma es tener las puertas cerradas para que los alumnos no tengan contacto con nadie, no abrirse a lo que pueda entrar desde los niños quienes no tienen un lugar para hablar de su experiencia; otra forma es no permitir al mundo exterior entrar a la escuela, no dejando entrar a quienes representan el “afuera”. Este autor menciona la necesidad de que la escuela haga una apertura cultural considerándola como parte de una experiencia más compleja, que el alimento de la misma no es el programa sino lo que los niños saben y lo que viene de un ambiente físico y de un ambiente social que está fuera de la escuela. Reconoce que la crisis de la escuela es muy profunda y expresa que “es difícil entender su sentido y su papel: como lugar de transmisión de información tenemos medios mejores y como un lugar que garantiza la formación de estructuras profundas, hay que cambiar y reflexionar. Ese es el reto de la escuela si quiere sobrevivir y para hacerlo debe convertirse en una escuela para todos”. Posteriormente señala:
…la clave para que la escuela cambie es la transformación de la formación de los maestros. A la escuela la van a cambiar los maestros cuando tengan instrumentos culturales para entender la problemática: un maestro que no lee no puede enseñar a leer, un maestro que no escribe no puede enseñar a escribir. La formación debería plantearse de manera distinta porque sigue siendo una formación que, aunque cambie los contenidos, sigue el método tradicional y transmisivo y los maestros aprenden más de la experiencia que viven que de los contenidos.

En el V Congreso de Educación organizado por la Editorial Homo Sapiens en la ciudad de Rosario en el año 2002, en varias conferencias se abordó la problemática de la educación y de la escuela. A continuación se transcriben los apuntes personales de la autora, de dos de ellas:

El Prof. Roberto Follari presentó una ponencia denominada: “¿Para qué la educación hoy en Argentina?” En primer lugar, definió la situación cultural actual, caracterizándola como difícil y paradojal. Por ello es necesario un pensamiento crítico frente a la ofensiva neoliberal y privatizante que acompaña un ajuste económico interminable. Los síntomas más evidentes son: desocupación, marginalidad, exclusión, flexibilización laboral, jubilaciones inseguras.
Esta postmodernización cultural, con predominio del pensamiento “light”, la huida del compromiso y la mediatización van llevando al individuo a la pasividad política, a la concentración de cada uno en sí mismo, al abandono del espacio público y a la abdicación de toda resistencia.
Consideró que en este contexto la escuela se encuentra en crisis presupuestal y de legitimación. El estado va desatendiéndola lentamente y la sociedad va creyendo cada vez menos en el valor de su rol. Una situación difícil e inédita.
Luego, ante la pregunta de ¿Para qué hoy la educación? consideró tres finalidades de la misma:
1) Educación para el conocimiento: a la escuela le resulta cada vez muy difícil cumplir con esta finalidad, pues cada vez más debe asumir una función de asistencia social que la priva de realizar su tarea específica. Consideró que la escuela no debe abandonar lo cognitivo porque no hay otra institución que realice esta tarea. Tampoco puede abandonar su función social pero necesita encontrar un equilibrio. No se pueden hacer bien funciones sociales y cognitivas.
2) Educación para el trabajo: estimó que se ha intentado reducir su finalidad y que la escuela sirva para producir determinados perfiles que satisfagan las demandas del campo laboral. Sostuvo que debe haber una relación entre los perfiles educativos y la demanda laboral pero que la escuela no es un espacio que pueda solucionar la problemática de lo laboral.
3) Educación en relación con los valores: según Follari, la relación educación-valores fue decisiva desde el comienzo del sistema educativo, pero la concepción del valor como aspecto central en lo educativo ha ido perdiendo terreno. Afirmó que los valores no deben ser muchos, que deben ser discutidos y establecidos por los docentes. Deben poner límite a la falta de ética, y es el directivo quien debe hacerlo de la mejor manera posible.
Manifestó que en este marco socioestructural, ha quedado desdibujado el rol de los docentes, quienes están alarmados frente a los problemas operativos cotidianos, aumentados con las modificaciones curriculares, organizativas y de perfeccionamiento y que será necesario repensar su rol y buscar su recuperación en diferentes planos:
1) en lo laboral político: será necesario insistir en la defensa del salario, de los derechos y la seguridad laboral, la estabilidad en los cargos, la titularización;
2) en lo institucional buscar canales de participación en la vida escolar, reforzar la identidad de cada establecimiento por el reconocimiento de sus miembros como parte de un espacio social común. Es imprescindible recuperar lo escolar como campo de intercomunicación de experiencias entre sus actores (incluso alumnos y administrativos);
3) en el aula: allí se reconocen dos planos: el primero es el de la dimensión normativa: es imposible no poner límites a los alumnos, éstos requieren (como cualquier espacio social) una autoridad legítima que lo sea gracias a su prestigio y razonabilidad, que sea capaz de trabajar sobre el diálogo y el consenso, pero que a la vez haga respetar las normas que los mismos alumnos han asumido. El simple desorden o el dejar hacer, nada tienen que ver con un sano espíritu de libertad. Los estudiantes necesitan asumir responsabilidades y esto requiere pasar por el respeto de la norma constituida. El otro plano es el de la dimensión cognitiva: el aprendizaje depende del interés de los alumnos, de que éstos encuentren los contenidos y los métodos como pertinentes y relevantes pero también atractivos. No se trata de cuestiones de lógica o de inteligencia sino de motivación. Sin ello no habrá aprendizaje. Para ello habrá que incluir en el aula los videos, la computación. El alumno no puede encontrarse en la escuela sólo con la tiza y el pizarrón. Y no se trata de pasar videos educativos sino de decodificar lo que se ve diariamente: noticieros, novelas, publicidad, programas políticos. Para poder orientarlos, el docente debe perfeccionarse adecuadamente. Pero es imposible poner al día la escuela sin realizar esta necesaria actualización procedimental.
También consideró que habrá que sacar a los alumnos fuera del cerrado edificio escolar, visitar, hacer paseos, romper rutinas en el espacio y tiempo del hacer escolar. Esto posibilitará hacer atractiva y valiosa para los educandos la vida de la escuela. Se trata de que en lo escolar haya placer. Es fundamental reconstruir el espacio ético en la escuela, hay que recuperar cierta capacidad de entusiasmo, de movilización de auto-creencia.

El Dr. Mariano Narodowski: habló sobre “El poder de los educadores y de la comunidad educativa”.
Comenzó definiendo el poder como la capacidad de decidir sobre otros. La educación es poder, el docente puede decidir y su poder se expresa en pequeñas relaciones personales y en la escuela donde también hay relaciones de poder.
A continuación habló de las relaciones entre familia y escuela: a principios del Siglo XX la escuela tenía un carácter civilizatorio, la familia entregaba a los hijos a la institución escolar ya que la educación de calidad se daba en ella. Todo conflicto entre el saber casa y saber escuela se iba a dirimir a favor de la escuela.. En los libros de lectura de los años 30, 40 y 50 se presentaba a una típica familia argentina. La escuela impuso ese modelo civilizatorio. La familia debía adaptarse a la escuela, que era un lugar de conocimiento y rectitud moral. El estado acompañaba la alianza escuela-familia, aceptaba y autorizaba los libros que se usaban (en los libros se consignaba: Autorizado por el Consejo Nacional de Educación). Funcionaba un dominio estatal muy fuerte. Este proceso tenía rasgos chauvinistas, clasistas y nacionalista, pero fue eficaz en su proceso de escolarización y Argentina tenía un liderazgo en América latina en relación a los procesos de escolarización.
Afirmó luego que ese modelo es un modelo que entra en crisis por diversas razones:
-Pérdida del monopolio cultural: hasta los años 70/80 la escuela era monopólica respecto del conocimiento, el otro conocimiento era de segundo orden, el saber valioso estaba en la escuela. Hoy la escuela compite con la TV, videos, Internet, DVD. En la actualidad el 62% de la población tiene las 24 horas TV por cable (aunque hay saberes valiosos en los Documentales).
-Se produjeron violentos cambios culturales: el maestro era el adulto que sabía y por ello tenía legitimidad. El mayor guiaba a los más chicos, el valor central era el paso del tiempo: era bueno ser grande. Los líderes eran los mayores de 50 años. Hoy, los modelos sociales buscan detener el paso del tiempo. Cultura post figurativa la llama (Margaret Mead). La cultura valora la juventud, abomina el paso del tiempo (se valorizan las cirugías, un tipo de ropas, esconder arrugas). Esto perjudica la alianza escuela –familia.
-Todos los días hay que demostrar que nuestro conocimiento es válido. La escuela tiene problemas y ha perdido su poder. El estado es incapaz de disciplinar a la escuela, a los alumnos y a los maestros. La alianza escuela-familia hoy está caracterizada por una inversión: la escuela se adapta a la familia, pero el peligro es transformar al otro en un cliente que debe ser satisfecho. Este esquema se observa en escuelas públicas y privadas que satisfacen la demanda. La escuela vive una pérdida de su función educadora, se pierde la subordinación de la familia, hay una relación de simetría y con ello es difícil educar. En esta nueva alianza mercantilizada, el que manda es el mercado. El fenómeno educativo es mercantilizable. En este momento se trata de definir una nueva alianza que trata de encontrar un punto de equilibrio basado en la reciprocidad.
-Los docentes tienen pocas herramientas para hacer frente a la situación de escuelas desfinanciadas, el estado no cumple su función educadora. En la nueva alianza hay que darle más poder a los educadores y menos a los funcionarios y políticos, el estado debe estar a disposición de la escuela.
En esta situación podemos reconocer que algunas escuelas producen proyectos autónomos trabajando en conjunto familia-escuela.
¿Es posible educar hoy en Argentina? se preguntó: tanto los educadores como la familia están interesados en la educación, esto no significa que el Estado no asuma la responsabilidad que le corresponde, sino que debe velar para que familia y escuela renueven su alianza. Los gobernantes en su discurso pregonan esta autonomía pero conservan un estilo de gestión burocratizado donde se reprimen las innovaciones. Los docentes con una real autonomía van a poder realizar esta nueva alianza, hay enorme potencial en las escuelas trabajando con su comunidad.
Sostuvo también que el cambio va a llegar cuando familia y escuela escuchen de los funcionarios la pregunta ¿qué necesitan?
¿Cómo generar el encuentro familia-escuela si la familia se corre? La situación social es tan grave que debe haber un cambio real en la política argentina en todos los ámbitos. Debe haber un cambio serio para que el poder recaiga nuevamente en los educadores mejorando la democracia y eliminando la burocracia.
También reconoció que frente al cambio, los educadores ponemos en la familia mucha culpa que no le corresponde; hay una crisis ética de valores y hay cosas que la familia no puede manejar. Por ello, es necesario construir el verdadero lugar de escuela y familia, para lo cual se necesita “barajar y dar de nuevo”.
Al finalizar, observó que los cambios en la escuela son difíciles.
La educación es poder y los docentes son poderosos; por ello deben desarrollar proyectos institucionales autónomos.

Como signo de la preocupación existente en torno a la crisis de la educación, en numerosos artículos de diarios se ha abordado esta problemática.

La Profesora Silvina Gvirtz señala la necesidad de aprovechar las oportunidades que se producen en los períodos electorales, debido a que los políticos necesitan nuestro voto y por ello la voz de la ciudadanía adquiere especial relevancia. Indica
“la necesidad de no abandonar la construcción de una agenda educativa entre todos, pedirles [a los políticos] cuentas de los resultados de las políticas que se han implementado, exigir acciones tendientes a mejorar la calidad educativa, que sus diagnósticos sean a partir de información confiable, que den a conocer los nombres de sus cuerpos técnicos y también pedirles mediante una carta de intención u otros mecanismos, que se comprometan en la gestión a publicitar los criterios que posibilitan a los ciudadanos monitorear la marcha de cada uno de los programas que desarrollan.
En otro artículo, publicado en el diario Clarín, la misma autora señala que se puede cambiar la escuela sin tener grandes recursos. Cree que hay un gran potencial para el mejoramiento de las escuelas y los maestros. Expresa que hay que restablecer la confianza en que la escuela puede enseñar, además de hacer asistencialismo y destaca que hay que extender el horario del dictado de las clases, más aún para los chicos de los sectores más castigados: ”La jornada tiene que ser entre seis y ocho horas siendo ésta es una condición necesaria para mejorar la calidad de la enseñanza porque nadie puede aprender mucho y bien en poco tiempo”. Otra alternativa que propone para que la escuela mejore la calidad es la capacitación docente, que no debería realizarse de la manera tradicional; explicita que si uno quiere poner a la escuela como eje “debe ir hasta ella y apoyarla en el terreno trabajando tanto en el área de gestión como en la de apoyo académico”. Luego indica que hay que ayudar a los docentes a conformar equipos de trabajo y a tomar decisiones, las cuales deben apoyarse en datos precisos, tales como nivel de deserción, nivel de rotación de docentes, nivel de repitencia de los alumnos, niveles de ausentismo. Revaloriza el saber de los docentes; por eso, la idea es asistirlos por un tiempo y luego dejar que la escuela siga funcionando sola. Como estrategia para motorizar cambios, hace hincapié en las expectativas señalando que “los docentes deben tener expectativas muy robustas con respecto al rendimiento de sus alumnos, confiar en sus capacidades, no subestimarlos y desterrar de la escuela la frase ´con estos chicos no se puede´. Las mismas altas expectativas de formación y desempeño debe tener el equipo docente de sí mismo. Esas expectativas generan un clima de trabajo que alienta la cooperación, la experimentación y la reflexión. A esas expectativas hay que sumarle un componente clave: responsabilidad común por los resultados”.

La Prof. Lucía Garay en un artículo denominado “Cambios en la Infancia y en la Educación”, publicado en el diario La Voz del Interior señala que, luego de un trabajo de 30 años con niños, adolescentes y jóvenes, con sus familias y sus escuelas; buscando con ellos las razones profundas y las estrategias más eficaces para resolver sus problemas de aprendizaje, de socialización, de integración institucional y de sufrimientos que acarrean el fracaso educativo y escolar, puede concluir que la infancia ha registrado una transformación que se expresa en la familia, en las instituciones formadoras y en la sociedad toda. “La infancia para la familia en su condición de hijos y para la escuela en su condición de alumnos, no es el sujeto principal que da sentido y organiza la vida cotidiana de la familia y la escuela: los adultos y sus dramas ocupan el centro de la escena”.
El debilitamiento de la familia para contener a sus hijos y de las escuelas para generar pedagogías que respondan a la complejidad y diversidad de necesidades de esta nueva infancia, produce en los niños soledad y vivencias de abandono que se expresan por vía de enfermedades psicosomáticas, trastornos de conducta, fracaso educativo y comportamiento agresivo con los otros y contra sí mismos. Como alternativa, la autora propone “verlos en sí mismos, no culparlos ni culparnos; comprometernos a buscar e implementar los cambios en el medio ambiente familiar y escolar”. Destaca que “los cambios no son esencialmente materiales o económicos; sino de vínculos, de afectos, de respeto y confianza en sus posibilidad, y en las nuestras para sanar y aprender”.

El Ministro de Educación de la Nación, Daniel Filmus, en un artículo del diario Clarín del año 2004 denominado “El estado vuelve a ocupar su lugar en la escuela” afirma que “revertir la crisis educativa exige sumar el compromiso de los involucrados, pero, sobre todo, recuperar el rol del estado”. Posteriormente realiza un detenido análisis para precisar cuándo comenzó el deterioro de la calidad educativa argentina. Señala:
…numerosos estudios coinciden en colocar a la llamada “noche de los bastones largos”, ocurrida en 1966, como el inicio de un período en el cual nuestro país comienza a desvalorizar el papel que juegan en el desarrollo nacional, la educación, la ciencia y la tecnología. En la época de la dictadura militar se profundizó la decadencia, la democracia recuperada en 1983 que restituyó muchos derechos ciudadanos aún mantiene una significativa deuda con la educación: no se logró colocarla como eje central de un modelo de desarrollo.
Reconoce que no se definió ese modelo y se concibió al sistema educativo como “una de las instituciones que debían ser sometidas a las políticas de ajuste. El modelo de los 90 produjo niveles de exclusión abrumadores que erosionaron algunos de los valores básicos que promueve la educación: el esfuerzo, el estudio y el saber fueron deslegitimados como vía de ascenso social”. Posteriormente señala el fuerte impacto que tuvo la crisis sobre la escuela ”que fue la única institución pública que, durante el último período de aplicación de políticas expulsivas, intentó integrar a los niños y jóvenes que fueron víctimas de la marginación. La escuela frecuentemente debió dejar de lado su función pedagógica para dedicarse a la atención de las necesidades básicas”. Posteriormente describe las falencias que hoy encontramos en el sistema educativo:
1) desarticulación entre los sistemas provinciales y los niveles de educación 2) altas tasas de deserción y repitencia, 3) incumplimiento de la obligatoriedad de 10 años de educación básica, 4) serios problemas de calidad, 5) deterioro de las condiciones de formación y trabajo docente y 6) escaso nivel de financiamiento.
Para revertir esta crisis señala que “sólo la toma de conciencia respecto de la multiplicidad de causas, de la duración y profundidad de la crisis educativa nos pueden dar una dimensión realista respecto del tiempo, la energía y la conjunción de actores sociales que son necesarios para superarla”.
Luego sostiene que es posible iniciar un camino que nos permita retomar lo mejor de la tradición educativa argentina, y enumera tres condiciones para que la misma se lleve adelante: 1) que el estado reasuma su rol indelegable en torno a la conducción y el sostenimiento del proceso, 2) que los actores educativos participen en la concertación de las políticas y estrategias llevadas adelante para recuperar la educación y se comprometan en su aplicación y 3) que el conjunto de la comunidad asuma su responsabilidad en el apoyo a los docentes y al trabajo realizado por las instituciones educativas.

Juan Carlos Tedesco, Viceministro de Educación de la Nación, en una conferencia dictada en Bariloche el 11 de mayo de 2007, dijo que “Tenemos que prepararnos para aprender a lo largo de toda la vida", y consideró que el impacto de la educación se genera en todos los aspectos y en este sentido se deben formar alianzas educativas con distintos sectores. El cambio de la educación institucionalizada durante los primeros años de vida, a una formación permanente, requiere de una modificación en la tarea docente, afirmó Tedesco quien consideró que los docentes tienen que "enseñar el oficio de aprender". El viceministro destacó que en la actualidad las nuevas tecnologías lideran en la tarea de transmitir información y eso debe ser aprovechado por los educadores para "enseñar a aprender". "Necesitamos cambiar nuestra cabeza y formar alianzas, porque nuestra administración no está preparada para eso", Por otra parte, consideró que los cambios en la sociedad "nos están llevando a superar una serie de alternativas que en el pasado tenían legitimidad" y mencionó las oposiciones entre educación presencial o a distancia, transmisión de contenidos o competencia, formación ciudadana o científica, y educación formal o no formal, que empiezan a superarse con la realidad. El funcionario indicó en este marco que la educación no formal debe dejar de ser definida por lo que no es y para ello toma fuerza el enfoque de la "educación a lo largo de toda la vida".

Conclusión:
Luego de una revisión del material teórico que se consigna, deseamos resaltar algunos conceptos mencionados por los autores, que nos parecen centrales, e incorporar otros desde nuestra experiencia para implementar tanto a nivel de aula, de institución y del sistema que pensamos pueden colaborar a superar la crisis y fortalecer a la escuela como institución educativa por excelencia.

Respecto del aula:
• Tomar como propósitos fundamentales del trabajo áulico el aprender a aprender , aprender a hacer y aprender a convivir, cooperativa y democráticamente, en la escuela.
• Democratizar el aula. Instalar la democracia en la convivencia como valor que se perfecciona día a día.
• Planificar detenidamente la tarea; es éste un momento imprescindible de anticipación, previsión y preparación de la enseñanza.
• Respetar los momentos de la clase: iniciación desarrollo y cierre. Las clases deberían cerrarse, por un lado, con una revisión de lo hecho, de los temas que se trataron y por otro, reflexionando sobre qué se aprendió y qué queda por averiguar, evaluando cuáles fueron los aciertos, si hubo errores y el camino a seguir en el futuro.
• Intercambiar los roles: que no sea el docente siempre el que enseña, abrir puertas al intercambio grupal, al trabajo en parejas pedagógicas, etc.
• Tomar decisiones en forma conjunta, reconociendo que hay decisiones que debe tomar el docente, pero que también el alumno pueda tomarlas cuando tiene conocimientos para ello.
• Disponer los alumnos de autonomía para organizar su trabajo.
• Dar a conocer a los alumnos los contenidos que se van a trabajar. Y, en los grados y ciclos superiores, dar la oportunidad de participar en la planificación de la tarea.
• Intercambiar instancias grupales e individuales en la metodología de trabajo.
• Realizar asambleas de clase o grado para analizar los problemas grupales o institucionales.
• Ubicar al alumno como constructor del conocimiento. Atender el plano cultural, el de los conocimientos previos e intereses del niño y el de la realidad natural y social de su entorno.
• Promover la lectura en la escuela, generando en los alumnos el deseo de leer y la comprensión de lo leído.

Respecto del nivel institucional:
• Fortalecer la escuela como espacio específico de transmisión de cultura, que puede derivar lo que la excede.
• Definir claramente las metas a lograr centradas en el aprendizaje de los alumnos.
• Vertebrar la vida de la escuela con la sociedad de la que forma parte, abriendo las puertas para escuchar el afuera, creando lazos sociales y nuevos ámbitos de intercambio.
• Pasar del aula a la institución como la unidad sobre la cual se basa toda la acción educativa.
• Concebir el ejercicio de la profesión docente como un ejercicio colectivo, conformando equipos de trabajo, bien liderados y donde el aporte de cada uno sea tenido en cuenta para buscar decisiones consensuadas.
• Generar el nosotros en la escuela, pasar del yo al nosotros para elaborar los proyectos.
• Actualizar el diagnóstico institucional no sólo señalando las deficiencias, sino también el activo, el haber creativo que tenemos, en qué nos podemos apoyar para una estrategia de cambio.
• Articular las prácticas pedagógicas que se desarrollan en cada grado a través de la formulación de los proyectos institucionales y curriculares, con la participación de todos los actores institucionales.
• Mejorar la calidad de la vida y el aprendizaje escolar atendiendo a la organización y el uso de los espacios y los recursos.
• Cambiar el centro de la toma de decisiones, ya que en una estructura verticalista no es posible educar con calidad y equidad.
• Trabajar con las expectativas que los docentes tienen tanto de sí mismos en relación con su tarea, como sobre las posibilidades de aprendizaje de los alumnos.
• Generar en la institución un clima de trabajo que aliente la cooperación, la experimentación y la reflexión.
• Democratizar la toma de decisiones organizando la participación de los alumnos a través de Asambleas Escolares o de representantes de cada grado.
• volucrar a los padres en la tarea de educar a los hijos, mediante la participación en diversas instancias de la vida escolar.
• Reconocer el poder y la posibilidad que tienen los docentes de desarrollar proyectos institucionales autónomos.
• Instalar prácticas de evaluación permanente de todos los actores institucionales y no sólo del resultado final del aprendizaje sino de otras dimensiones del proceso, donde todos puedan asumir la responsabilidad de lo logrado, compartir en equipo las alegrías frente a los éxitos, pero también revisar las debilidades y los errores.
• Incrementar el tiempo de trabajo pedagógico a través del control efectivo de las pérdidas de días de clase, de la buena organización de los sistemas de suplencias, del uso del tiempo en clase.
• Destacar que las tres cualidades del maestro son: competencia, coherencia y compromiso.
• Asumir los docentes cognitiva y afectivamente el problema de cambiar la escuela porque como institución puede ser un factor fundamental en la sociedad en este momento.
• Propiciar desde la escuela la construcción de una inteligencia solidaria atenta a las necesidades de los otros y al cuidado de la vida.

Respecto del sistema educativo:
• Reasumir el rol que le corresponde al Estado en torno a la conducción del proceso educativo.
• Reconocer que transformar la educación y construir un nuevo profesionalismo docente son tareas sociales, colectivas que involucran al Estado, a los docentes y a toda la sociedad.
• Articular todos los niveles del sistema.
• Asignar a la educación los recursos económicos necesarios.
• Concentrar todos los esfuerzos y recursos, si se quiere hacer de la escuela una verdadera puerta de ingreso a la ciudadanía y la competitividad.
• Financiar proyectos de “ Mejora de la enseñanza”.
• Hacer cumplir los 10 años de educación básica.
• Transformar la formación de maestros, reconociendo que no hay transformación educativa que no pase por el docente.
• Realizar nuevas propuestas de capacitación docente, para poner a la escuela como eje, para lo cual deberá realizarse la capacitación centrada en la escuela, trabajando tanto el área de gestión como la de apoyo académico. Esta capacitación permite pensar los procesos formativos desde los propios sujetos que llevan a cabo la tarea de enseñanza y permite incluir al alumno como un actor importante en la capacitación de los docentes.
• Extender la cantidad de horas de clase en el nivel primario, tendiendo a la doble jornada en todas las escuelas.
• Frenar la deserción y la repitencia en el nivel medio. La implementación del sistema de tutorías en los primeros años puede ser una alternativa viable para acompañar a los adolescentes y jóvenes en su trayectoria escolar y en su inserción social.
• Insertar la propuesta constructivista en toda la organización del sistema educativo que debe ser racional y democrático.
• Priorizar y legitimar el enfoque de la "educación a lo largo de toda la vida"

BIBLIOGRAFIA:

Bixio, Cecilia, Enseñar a aprender”. Rosario, Homo Sapiens, 2005.
Dussel, Inés: “La Escuela y la crisis de ilusiones” (pp. 19 a 26); González, Graciela: “Infancias. Imágenes de la sociedad” (pp.41 a 64); Finocchio, Silvia: “Apariencia Escolar” (pp.81 a 87); Pineau, Pablo: “O escuela o crisis. Crónicas marcianas del imaginario docente actual.” (pp. 113 a 118). En: Dussel, Inés y Silvia Finocchio (compiladoras).Enseñar HOY: Una introducción a la Educación en tiempos de Crisis Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2005.
Filmus, Daniel (compilador): Para qué sirve la Escuela. Buenos Aires, Tesis: Grupo Editorial Norma, 1993.
Nicastro, Sandrea Revisitar la mirada sobre la Escuela. Rosario, Homo Sapiens, 2006.
Artículos de diarios: Clarín (1-03-04) (6-06-04) (17-05-07), Buenos Aires y La Voz del Interior- (29-04-07), Córdoba.
Revista Novedades Educativas: Nº 87, 95, 100, 103.
Revista El Monitor de la Educación. Publicación del Ministerio de Educación de la Nación. 2001.

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