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  HOMERO MANZI Y SU ESPACIO POÉTICO  
     
 
Garay trazó diez manzanas/ sobre un cuadrado perfecto/
y el sitio de las campanas/ y el lugar de su gobierno/ y las
casas capitanas/ y los tejados modestos/ y el ámbito de la
plaza/ para los grandes recuerdos./ Garay trazó con su
espada/ la forma de un pueblo nuevo.

Homero Manzi
 
     
 

 

Tal como lo relata la letra del tango Buenos Aires, colina chata, de Homero Manzi, la fundación de la ciudad marca en el tiempo un antes y un después e impone al espacio geográfico una diagramación que lo ordena desde una lógica, del centro y la periferia, lo urbanizado y lo agreste. Esta distribución del espacio geográfico genera, a su vez, una serie de espacios simbólicos: las casas capitanas y las modestas, lo público y lo privado. Incluso en los espacios públicos por excelencia, como las calles y la plaza, se puede apreciar una inscripción de los poderes que afectan a quienes los transitan, ya que la circulación por dichos espacios está condicionada por variables sociales, políticas y económicas, entre otras. Cada ciudad tiene barrios de ricos y de pobres, zonas frecuentadas por los jóvenes, por los amantes de un determinado deporte, calles comerciales y residenciales, itinerarios para las marchas políticas o para las procesiones religiosas, el centro y los márgenes. Esta impronta fundacional, que se repite en el país, atraviesa nuestra historia, más allá de las particularidades de cada momento.

La vida de Homero Manzi está marcada por una persecución ideológica que le vale la expulsión del mundo académico y una militancia política y gremial que lo impulsan a construir un territorio novedoso a través de su estética. El artista dirige su mirada hacia los suburbios, la vida del pueblo y sus “temas pequeños”, que enraízan en lo más profundo de la condición humana. Con esos materiales de la realidad y un lenguaje en el que se pueden observar las influencias de su importante caudal de lectura, elabora su obra, mediante la cual devuelve a la misma gente una visión de su propia existencia transformada por la mirada poética.

El canal de circulación de la poesía de Manzi es la canción popular, especialmente el vals, el tango y la milonga. Realizó un significativo aporte a estos géneros, que renovó y elevó, uniendo las vertientes del decir popular y la cultura letrada. A diferencia de otros autores comprometidos, no recurrió a la poesía para retratar la realidad social, ni la utilizó como instrumento político. Sólo en el último período de su vida, su adhesión al peronismo se vio plasmada en dos canciones: Versos de un payador a la señora Eva Perón y Versos de un payador al General Juan Perón. Sí, en cambio, orientó su producción literaria en una dirección claramente ideologizada. Tampoco se sirvió del tango para hacer críticas morales a sus contemporáneos. Sus letras, de una onda sensibilidad que se expresa de acuerdo con los parámetros de su género literario y su época, manifiestan respeto, ternura y comprensión.

Los espacios preferidos por Homero Manzi son los suburbios de la gran ciudad, como su querido barrio de Pompeya, allí donde una esquina linda con el barro y la pampa, el descampado que atraviesan las vías del tren y los terrenos inundables que, por aquel entonces, se hace difícil imaginar urbanizados. El barrio y la naturaleza, con sus aromas, sonidos e imágenes, están poblados por personajes típicos: la vecina, el organillero, el herrero, las muchachas vestidas de percal, la novia, el cantor, el músico, el muchacho del cafetín. No se trata de vidas brillantes que ocupan lugares centrales en la sociedad. Los espacios en los que Manzi las ubica suelen estar en penumbras, iluminados por la luna, las estrellas o el farol de la esquina. En ellos, los habitantes de los arrabales transitan su vida, sus penas y amores al mismo tiempo en que se entrelazan la milonga del criollo y la “canzonetta” del inmigrante. Todo esto se expresa en el tango, “mosaico sentimental” de la ciudad, según afirma el autor.

Su expresión poética explora procedimientos estéticos poco habituales en las letras de la canción popular, a la que trae elementos propios de otros discursos artísticos, como la poesía modernista, al tiempo que adopta la audacia de las vanguardias en la experimentación con la estructura de la frase, la combinación de palabras e imágenes y la creación de metáforas. Al llegar la década del 40, el romanticismo imperante en la canción urbana porteña se combina con la circunstancia personal de una enfermedad irreversible que enfrenta al poeta con la certeza de la propia muerte, que se acerca en forma prematura. La nostalgia se acentúa por entonces en sus letras, que atesoran y enriquecen la experiencia del suburbio, representada a través de la evocación de un pasado idílico. Esta obra poética es, sin duda, el territorio en el que Homero Manzi logra aquello que los engranajes del poder y su enfermedad se obstinan en negarle, una vida plena que continúa hasta hoy.


Silvia Alejandra García