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BORÓN Y CUENTA NUEVA

por Teresa Estela Masramon *

A la medianoche la internaron en el hospital del pueblo. Él se quedó esperando, desgarbado, sentado en un extremo del duro banco, a la luz mortecina de la salita recientemente blanqueada.
Quizás ya había pasado una hora o algo así, como así fueron todos los tiempos de su vida. Resignado, una vez más, se acoquinó en el asiento, arrugado, con los ojos vidriosos y las tripas retorcidas por lentos espasmos.

Por su mente alborotada como su melena desfilaron desventurados flashes de su vida:
- Desde que tiene recuerdos se ve abrazado por una doble tutela sobreprotectora: un matrimonio a los que inscribió como padres, ya casi abuelos. Nunca preguntó a esas dos dedicadas presencias de dónde había venido, más allá de lo que iba presintiendo; pero de lo que estaba seguro era de que no provenía de un repollo. En fin, siempre fueron inútiles las búsquedas para cerciorarse sobre su origen, y después de todo, para qué?…La vida se le fue mostrando demasiado complicada:
- A los 12 años, su ‘Seño’ protectora, es trasladada lejos;
- como estudiante discreto, a punto de diplomarse en el Comercial, le queda colgada, y bien alta, en un poste, por una bravuconada juvenil, una materia, sólo una, y eso mientras el profesor a quien desafió siga en el colegio; y seguía, longevo…;
- a los 18, viviendo una colimba mal deglutida, el trágico accidente de ‘su abuelo’ lo deja sin la única figura en la que se espejaba;
- a los 24 se casa con la que él creyó ‘una mina madura’; duró seis meses y se le piantó con otro.
- Entonces, para limpiar ese pasado, se fue por varios años a trabajar, lejos; allá instaló la que creyó ‘su casa’ y, por algo que se desconoce, se le desmoronó la mollera. Pues sí, algo debe haber andado mal, muy mal…y entre las manos, otra vez, nada.
- En fin, quedaba otro intento: Volver,- y lo hizo, cauteloso, en un Día de la Madre -, y reencontrarse con aquella abuela maternal, con retazos de una hilvanada familia, con solidarios amigos y un vecindario hurguete.
- Poco a poco, sin torcer su natural vivir en el aire y a veces del aire, fue consiguiendo changuitas o aceptando trabajos temporarios…Y,
- de pronto, en un recodo de su vida bohemia, aparece la Julieta, mechitas de trigo maduro, flacucha pero sonrosada, reidora, animosa.
- Sin reparos, con unos olorosos arrumacos, la ayuntó a su vida.
Y pensar que hasta hace un rato era puro chancletear por la casa ...

…De pronto, la puerta del quirófano rechinó pesada y cimbreante y apareció una rolliza enfermera; pasó aleteando a su lado, lo miró sin mirarlo, y le indicó, con un gesto dubitativo, que esperara.
¿Esperar, qué?... ¿Y cuánto más? … Lo amartilló la grave campanada de un reloj, lo alteró el paso lento del camión de residuos... y al límite, ¡otra vez!, de una angustia contenida, lo turbó un cercano berrido...y la puerta que se abre y una luz intensa que le ciega los ojos enrojecidos... Y algo que se le ofrece.
Maquinalmente, de pie, tendió sus largos brazos.

“- Aquí tenés al gurí; salió a los manotazos. La madre está fuera de peligro; me resultó una gringuita guapa… Pero vamos, flaco chambón!, agarralo fuerte”.

Una se le había dado. ¡Por fin, una le había cobrado a la vida, qué joder!

Cuento publicado en: Antología de poetas y narradores contemporáneos 2005.
Bs.As, De los Cuatro Vientos, Ed.2005, vol. III, p.166/7


*Teresa Estela Masramon : nacida en Entre Rios. Profesora en Letras egresada de la Universidad Nacional de la Plata (UNLP). Allí se desempeñó en la cátedra de LiteraturaEspañola. Ejerció como docente en establecimientos oficiales y privados de la Ciudad de Buenos Aires y ha coordinado talleres de creatividad para maestros en la provincia de Entre Rios. Su dirección electrónica es: teresa_masramon@hotmail.com